Hola a todos¡¡¡ Nos presentamos…..¡¡¡¡

Buenos días tristeza discos es un sueño: el sueño de poder editar a las bandas que nos gustan, el sueño de guardar el mejor sitio posible a la música, ayudándola a encontrar su merecido hueco en el (a veces pernicioso) mundo del arte.

Buenos días tristeza discos es una necesidad, una necesidad personal e íntima de hacer sonar en nuestras casas lo que ya suena en los más escondidos locales de ensayo y salas de conciertos.

Buenos días tristeza discos es una obligación, la de colar en nuestras vidas y en nuestros corazones algo que, quién sabe, si nos puede hacer mucho mejores (o mucho más felices).

Buenos días tristeza discos son canciones, amores, sentimientos, creaciones.
Buenos días tristeza discos es una locura, el tiempo dirá si ha merecido o no la pena, aunque todo el mundo sabe que las locuras siempre merecen la pena.
 
RUPERT CADELL.- “Cañaverales, guerra, paz”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-DE PECADOS CAPITALES

-EL ESCRITOR Y LAS DUDAS

EL PRINCIPITO

EL ESCONDITE INGLÉS

FRANNY (O EL ARTE DE VOLAR)

ANNA KARINA

LA VENGANZA DE LOS ESCLAVOS

VALQUIRIAS

LINDA BOQUITA Y VERDES MIS OJOS

MI NOCHE EN ALEMÁN

Año 2007: Rupert Cadell publica un disco de debut que, de contar con mayor promoción, hubiera hecho las delicias de todo amante del folk-rock con sensibilidad indie. Tras él poco se sabe de la banda. Ningún concierto, ningún EP. ¿Se habrían esfumado? Negativo. Simplemente como buenos Bartlebys, conscientes de la vanidad del acto gratuito, prefieren  guardar silencio.

Más de tres años después, respaldados por un puñado de canciones tan solventes como sus predecesoras (recordemos que son las canciones las que defienden a sus autores y no a la inversa), Samuel y Manuel deciden romper su silencio. ¿Era necesario? Definitivamente sí, al oído está la prueba.Y como las cosas bien o mal han de hacerse de verdad, entienden que el único sitio donde pueden darle el empaque adecuado a su repertorio es el Puerto de Santa María a las órdenes de un asturiano loco, responsable del sonido de muchos de los discos más interesantes del panorama patrio (N.Vegas, Bigott, Mishima…) y que la única manera de gestionar su salida es la autoedición.

En el otoño de 2011, con el vinilo de “Cañaverales, guerra, paz” girando en el tocadiscos, uno confirma que la espera no ha sido estéril y que el dúo manchego se mueve como pez en el agua por esa zona difusa donde la americana se cruza con el indie rock y Townes Van Zandt llora lágrimas de bourbon vía pedal Rat mientras Dylan sale de gira con Sebadoh. También descubre que estas diez nuevas canciones, cada vez más contaminadas de la concepción minimal de la banda, aparecen sonoramente reducidas a su esencia y solo sazonadas con arreglos tan sutiles y pertinentes (presten atención a la guitarra española  en “El escritor y las dudas”) que resulta imposible imaginarlas con otro vestido.

Un vestido sobrio y a veces raído pero enfundado con elegancia y dignidad como el uniforme del esclavo rebelado contra su destino o el traje descosido del abuelo curtido en mil batallas, por citar algunos de los protagonistas de unos textos que parten de las secuelas de la guerra contra uno mismo para buscar armisticio en el calor ajeno, salpicándose de referencias a Salinger, Godard  o Jeremy Jay que, sin ninguna pretensión de esnobismo cultural, constatan que  las novelas que leemos, las películas que vemos y las canciones que escuchamos terminan configurando nuestro universo sentimental. De ahí que, parafraseando a Jonás Trueba en su ópera prima, cuando andamos perdidos en el cañaveral de los afectos, todas hablen de nosotros. Desde luego las de Rupert Cadell hablan de mí. Seguro que de ti también.

José Calderón Pérez

Published in: on 7 junio, 2011 at 5:49 pm  Dejar un comentario  
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